«Es importante destacar la positiva contribución que realizan los jóvenes migrantes a las sociedades de origen, tránsito y destino, tanto económicamente como enriqueciendo su tejido social y cultural. En su mayoría trabajan con denuedo para ganarse la vida y mejorar su situación. Las remesas de fondos que envían para ayudar a sus familias en sus países de origen constituyen una importante contribución a las economías de todo el mundo.»

Secretario General Ban Ki-moon

Buen día,

Agradezco la distinción de la Diputada Lorenia Iveth Valles Sampedro para invitarme a compartir y participar con ustedes en la mesa de diálogo: “Hacia la construcción de políticas públicas para la juventud migrante 2013-2018”; evento que se realiza en el marco de la Conmemoración del día Internacional de la Juventud.

Saludo a con gusto a Aram Barra, de Espolea; a

Daniel Coulomb, Subdirector General de Coordinación y Evaluación del IMJUVE; a

Francisco de la Torre Galindo, Director Ejecutivo del Instituto de los Mexicanos en el Exterior; y al

Lic. Hegel Cortés Miranda, Secretario de Desarrollo Rural y Equidad para las Comunidades del Gobierno del Distrito Federal; a

La Asociación Civil Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo; y a todas y todos los presentes.

 

En fecha tan significativa como la que se conmemora el día de hoy, es necesario hacer un alto y reflexionar en torno a la importancia del sector de la población joven, para celebrar los avances, pero también para replantearnos lo que hemos dejado de hacer.

Para resolver la problemática del fenómeno de la migración que afecta a las juventudes, sigue siendo una agenda pendiente.

 

En el contexto internacional, según información de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Estados Unidos es el país de destino de la mayoría de los emigrantes de América Latina y el Caribe. Se estima que para 2004 residían al menos 18 millones de personas nacidas en la región latinoamericana y caribeña, que representaban poco más de la mitad del total de inmigrantes de ese país. Esta población originaria de la región, junto con sus descendientes nacidos en los Estados Unidos, integra la primera minoría étnica denominado latinos.

 

Se trata de un grupo bastante heterogéneo, que presenta imponentes diferencias sociales y económicas, así como rasgos que varían según el origen nacional y étnico, según la distribución territorial, las formas de integración social, inserción laboral y los diferentes niveles de organización.[1]

 

Según datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas, en la última década, la migración entre países ha aumentado de manera importante. Enfocado como parte del proceso de desarrollo, representa beneficios y áreas de oportunidad; debido a que las personas que migran contribuyen al impulso económico de los países de destino y, a su vez, el flujo de remesas, de capital humano y tecnológico tiene impacto en el avance y desarrollo de sus lugares de origen.

 

En contraste, los costos implican que de los países en desarrollo un numeroso grupo de personas en edad productiva migra a los países más desarrollados, en consecuencia un importante número de trabajadores capacitados abandonan sus países de origen, con lo que desaprovechan las inversiones en educación y capacitación realizadas por los países más pobres.

 

Además del riesgo que dentro de los procesos migratorios las personas pueden enfrentar y conlleve a una serie de abusos y violencia en los trayectos.[2]

 

México a nivel mundial se ubica en el undécimo sitio por el tamaño de su población y es considerado uno de los países con mayor emigración debido a los cerca de 11.8 millones de connacionales que residen en Estados Unidos  y además es considerado un referente a nivel mundial, dado que es país de origen, tránsito, destino y retorno para miles de migrantes cada año.

Las y los jóvenes, en México son un grupo poblacional de más de 36 millones,[3] de entre los 12 y los 29 años. Ante este contexto en nuestro país, la proximidad geográfica que tenemos con Estados Unidos ha propiciado un flujo constante de migrantes.[4]

La población de mexicanos residentes en Estados Unidos representa más del 30% de la población migrante total en ese país, y además son la población más numerosa de origen hispano, colocándonos con el mayor número de nacionales que viven en Estados Unidos, incluso por encima de las grandes regiones del mundo, como Asia (26%), el resto de América Latina y el Caribe (23%) y Europa (14 %).

Como ya mencioné más de 11 millones de personas nacidas en México viven en Estados Unidos, y es importante mencionar que cerca de una quinta parte de la población migrante lo hace en edades jóvenes de 15 a 19 años y que cerca de la mitad (48.8%) se encuentran en edades de 20 a 34 años, es decir, las edades productivas.

De acuerdo con el último informe de la Organización de las Naciones Unidas, aproximadamente un 16 por ciento del total de migrantes internacionales, es decir, más de 35 millones de personas, tienen edades comprendidas entre los 15 y los 24 años.

México se encuentra bajo los reflectores de la migración de jóvenes: de los cerca de 900 mil mexicanos que migraron a Estados Unidos en el año 2009, más de la mitad, un 55 por ciento se encontraba entre los 15 y los 24 años de edad; y a su vez en 2008, México repatrió a más de 5 mil 200 menores centroamericanos, procedentes en su mayoría de Honduras, Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Mientras que de los Estados Unidos enviaron de regreso a más de 32 mil menores mexicanos.[5]

Las entidades de mayor población migrante a otros países son: Guanajuato con el 10.8, Jalisco y Michoacán cada uno con el 7.7%  y México con 6.8%, que juntas representan el 33% de los migrantes internacionales del país, es conveniente resaltar que por primera vez aparece Chiapas con el 2%.

En cuanto a la migración interna de personas de 5 años de edad y más, que va desde niñas y niños de 5 años hasta adultos mayores, las entidades que destacan en este aspecto son: Nuevo León con una movilidad equivalente a 10.6% de sus residentes; Jalisco, con 5.5%; el estado de México, con 5.5% y el Distrito Federal, con 4.4 por ciento. Este fenómeno ocurre con mayor frecuencia en las entidades donde se encuentran las principales zonas metropolitanas del país.[6]

A su vez, las entidades que ganaron población y que son catalogadas como de fuerte atracción de población son Baja California Sur, con una ganancia neta de 10% y Quintana Roo, con 8.1 por ciento. Por el contrario, el Distrito Federal, pierde población al registrar un saldo negativo de 6.3 por ciento.La población que sale del Distrito Federal en los últimos años emigró fundamentalmente hacia el estado de México, con 382 mil, Hidalgo, con 37 mil, Veracruz, con 32 mil y Puebla y Querétaro, con 30 mil.[7]

En cuanto a la movilidad, especifico de las y los jóvenes, se puede decir que Colima es la entidad federativa con mayor emigración de personas entre 15 y 29 años, en donde 10% de su población joven, efectuó un cambio de residencia interestatal. Le siguen, en orden de importancia, Veracruz, el Distrito Federal, Hidalgo, Durango y Nayarit con valores superiores a 9%.

Por su parte, las entidades a donde llega una mayor cantidad de inmigrantes jóvenes son Quintana Roo y Baja California, las cuales recibieron proporciones equivalentes a 21.2% y 15% de sus respectivas poblaciones entre 15 y 29 años

Considerando el contexto altamente restrictivo para las migraciones y las adversas condiciones en que tiene lugar, en necesario y de urgente atención considerar a las y los migrantes jóvenes dentro en las políticas de desarrollo del país, con el propósito de en primer lugar aprovechar la migración para el desarrollo y también para impulsar acciones que permita desactivar las presiones migratorias.

En consecuencia, en México se requiere implementar estrategias específicas para un mayor conocimiento de los procesos, causas, implicaciones e interacciones del fenómeno migratorio entre las y los jóvenes.

Sin duda la política pública debe atender las particularidades del fenómeno migratorio en sus múltiples dimensiones, involucrando los perfiles migratorios, las estrategias de cruce e internación, la repatriación, los niveles de inseguridad y la garantía por parte del estado y sus instituciones del respeto a los derechos humanos.

Para la atención a los requerimientos de las y los jóvenes, necesitamos constituir un efectivo marco reglamentario para instrumentar políticas públicas que atiendan de manera integral e innovadora las necesidades en salud, educación, salud sexual y reproductiva, para la prevención y atención de las adicciones, pero fundamentalmente, que eviten el ingreso de miles de jóvenes a las filas de la delincuencia organizada y el narcotráfico; que detengan los niveles de violencia en todas sus dimensiones y que permitan mejoras en los diversos ámbitos donde se encuentran las y los jóvenes, poniendo principal atención en la generación de empleos y en mejorar la educación.

Con la aprobación de la reforma migratoria para salir al paso de un sistema que se encuentra en crisis e intentar responder a las demandas de los inmigrantes indocumentados, considerando que contiene un plan para hacer de la frontera del vecino país del norte con México una zona militarizada, con la construcción cercas y la continua vigilancia en la franja fronteriza, poniendo en mayor riesgo a las y los migrantes en su empeño por cruzar las fronteras, todo esto aumenta la tensión y coloca a las y los jóvenes en un ambiente de hostilidad, discriminación y en total ausencia de que se les garantice el ejercicio pleno de sus derechos.

La migración no sólo se convirtió en una válvula de escape para México, ya que también es la segunda fuente de ingreso de divisas más importante del país, después de los ingresos por petróleo, que representan cerca de 3% del PIB, en México hay problemas estructurales de base y si no se realizan las acciones necesarias vamos a tener una masa de desempleados creciente, y dado el clima de violencia que estamos viviendo, esto se puede convertir rápidamente en un problema social.

Durante el trayecto migratorio son altos los riesgos contra la vida e integridad física para las y los migrantes, si bien en la región existe clara conciencia acerca de la vulnerabilidad de los migrantes y de los riesgos que enfrentan (comenzando por la trata de personas y el tráfico de migrantes), en estos temas, sin duda falta mucho por hacer, las organizaciones de la sociedad civil han ejercido un papel protagónico en la defensa de los derechos humanos y asistencia a los migrantes, pero la principal responsabilidad les compete a los Estados.

 

Por ello, es urgente accionar en torno al diseño e implementación de políticas, acciones y programas que atiendan de forma integral los efectos de los proceso migratorios en las y los jóvenes y fortalecer las alianzas con la sociedad civil y la academia, para hacer frente a las distintas necesidades de las y los migrantes y los jóvenes.

 

Es innegable que falta mucho camino por recorrer para hacer frente a los retos y oportunidades que conlleva la migración, tanto en la dimensión de los derechos humanos como en el ámbito del desarrollo.

 



[1] Migración internacional de latinoamericanos y caribeños en Iberoamérica: características, retos y oportunidades. Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE) – División de Población de la CEPAL 2006.

http://www.eclac.org/celade/noticias/paginas/1/26021/Migracion_conceptual_CELADE.pdf

[2]http://www.unfpa.org.mx/pyd_migraciones.php   (Fondo de Población de las Naciones Unidas)

[3]INEGI. Censo de Población de 2010.

[6] INEGI Principales resultados del Censo de Población y Vivienda 2010. Características Demográficas sobre Migración