El Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza se celebró por primera vez el 17 de octubre de 1993. La Asamblea General de las Naciones Unidas emitió la resolución con el propósito de exhortar a los países integrantes para que en el contexto de su situación nacional, implementaran acciones concretas de erradicación de la pobreza y la indigencia, en especial a los llamados países en desarrollo.

 

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas[1], el mayor crecimiento económico y la reducción más exitosa de la pobreza se han logrado en Asia Oriental. Se espera que la tasa de pobreza en China caiga a un 5% en 2015 y que de manera global, las tasas de pobreza caigan de 51% en 1990 a 24% en 2015.

 

Si consideramos que la meta número uno de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el número de personas que sufren hambre, reducir en la misma proporción el porcentaje de personas cuyos ingresos son inferiores a un dólar diario, así como lograr que se consiga empleo productivo y trabajo digno para mujeres y jóvenes, estamos muy lejos de cumplirla. La mayoría de los diagnósticos demuestran que para México, será imposible erradicar la pobreza en los tres años que restan para el 2015.

 

A finales del año pasado, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), informó que los altos índices de pobreza en México se deben al grado de exclusión social y que superan la media de nuestros vecinos latinoamericanos. Uno de los sectores que sufre directamente las consecuencias de este fenómeno, es el de los jóvenes de clase baja, que no pueden continuar sus estudios por falta de recursos, pero tampoco pueden incorporarse de manera plena al mercado de trabajo.

 

En comparación, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico para América Latina (OCDE), informó que en México se destina sólo el 19.19% del Producto Interno Bruto para disminuir la desigualdad social, mientras que el promedio de los países miembros de la OCDE es del 46.24% del PIB para este mismo fin.

 

Ambos informes coinciden en que el principal problema de nuestro país es la exclusión y la desigualdad sociales. Sin embargo, las acciones instrumentadas por el gobierno federal ya no digamos para su erradicación, sino para la atención de la pobreza en México, no han sido encaminadas para ampliar la cobertura real de servicios sociales ni para propiciar el desarrollo productivo que requiere el país.

 

Durante décadas, se han privilegiado los indicadores económicos y financieros por encima del gasto social y el fortalecimiento del mercado interno. Incluso cuando en otros países se ha demostrado el fracaso de medidas neoliberales como en gran parte de la Unión Europea y Estados Unidos, en México se insiste para la aplicación del mismo modelo de control económico.

 

Para muestra de ello, tenemos las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que demuestran que prácticamente la mitad de nuestro país se encuentra en situación de pobreza, es decir, 52 millones de mexicanas y mexicanos con al menos una carencia social[2] e ingresos  insuficientes para adquirir los bienes y servicios que requieren para satisfacer sus necesidades básicas.

 

En tan sólo dos años, de 2008 a 2010, 3.2 millones de hogares mexicanos disminuyeron sus ingresos debido al incremento en los precios de alimentos y la crisis financiera. La pérdida de empleos formales y la consecuente reducción del poder adquisitivo, derivaron en el crecimiento de la pobreza alimentaria en 4.2 millones de personas en el mismo periodo.

 

Quienes quieran debatir estas cifras, deben recordar que los informes del Coneval se elaboran conforme a lo estipulado en la Ley General de Desarrollo Social, con base en las mediciones de pobreza a nivel estatal y nacional, así como en las evaluaciones realizadas a programas y políticas sociales. Es indignante que en un país con la mitad de su población sumergida en la pobreza, se cuente con el hombre más rico del mundo.

 

En el Grupo Parlamentario del Partido de la Revolución Democrática, consideramos que las prioridades del modelo económico deben cambiar. Es tiempo de voltear hacia los sectores más necesitados en condiciones de exclusión y desigualdad social, garantizar la cobertura de derechos fundamentales como a la educación, la salud, la alimentación, el empleo y un medio ambiente sustentable.

 

Las cifras y estadísticas de cualquier indicador en materia de pobreza, nacional o internacional, demuestran que vamos por el camino equivocado. Creo que debemos entender y prevenir los resultados de las economías del primer mundo que durante los últimos meses y años se han venido abajo, provocando crisis sociales y estallidos de protestas masivas.

 

Así como existen recomendaciones para abrir las economías de los países en desarrollo al libre mercado, también las hay para incrementar el gasto del Producto Interno Bruto en la reducción de la brecha de desigualdad social e invertir en la ampliación de programas sociales y servicios básicos para eliminar la exclusión y discriminación.

 

Mientras los gobiernos trabajan para evitar una crisis financiera mundial, debemos trabajar también para evitar una crisis nacional de desarrollo. No se puede, en nombre de la austeridad fiscal, recortar inversiones para el desarrollo sostenible.

 

Como lo dijo el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon con relación a este día: “es tiempo de escuchar a las personas y luchar por sus esperanzas y aspiraciones. Así es como construiremos un mundo sin pobreza”.

 



[1] Objetivos de Desarrollo del Milenio. Informe 2010.

[2] Son seis los indicadores de rezago educativo, acceso a servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, servicios básicos en la vivienda y acceso a la alimentación.