Me siento muy contenta por la oportunidad de compartir con todas y todos ustedes algunas experiencias que en lo personal, marcaron una diferencia. Quiero agradecer al doctor Lácides García Detjen, rector de esta prestigiada Universidad Olmeca, a toda la planta académica y a sus directivos. Gracias al diputado Marcos Rosendo Medina Filigrana por la invitación y por supuesto a ustedes, por el tiempo para estar aquí.

Cada fin de sexenio, cada cambio de administración, nos obliga a hacer un balance general sobre sus resultados y deficiencias. El balance de este último sexenio debo decirles, no es nada alentador para los jóvenes.

De acuerdo con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, de 2006 a septiembre de 2011, murieron más de 47 mil personas a causa de la violencia en México, cerca de dos mil eran menores de 18 años (Unicef).

El último informe de averiguaciones previas reportadas por las procuradurías de justicia estatales, de enero de 2008 a diciembre de 2011, también desaparecieron más de 14 mil personas; de ellos, sólo un poco más de dos mil aparecieron vivos o muertos. Casi nueve mil fueron secuestrados o levantados por el crimen organizado.

En términos generales, el sexenio de Felipe Calderón nos hereda cerca de 50 mil muertos; al menos 20 mil migrantes secuestrados; 140 mil desplazados; más de 40 mil huérfanos como consecuencia de la violencia. La Red por los Derechos de la Infancia en México, reportó que en los primeros tres años y medio de su gobierno, fallecieron más de 900 menores de edad a causa de la violencia, fuegos cruzados u operativos militares.

A pesar del baño de sangre, la guerra de Calderón está muy lejos de dar resultados positivos, en los últimos diez años, el consumo de drogas entre los mexicanos casi se duplicó, al pasar de 0.8% en 2002, a 1.4 por ciento en 2008; asimismo, 1.5% de los habitantes en este país, ha utilizado algún tipo de narcótico en el último año. Lo más preocupante es que la edad promedio de inicio en el consumo de drogas disminuyó significativamente siendo a partir de los 18 años en hombres y en las mujeres a partir de los 20.

Así que a nivel nacional, el saldo para la sociedad no es favorable, y eso que no hemos mencionado la crisis económica permanente, la falta de empleos dignos y bien pagados, y en general, la falta de oportunidades para acceder en mayor proporción a los servicios de educación y de salud. La población más afectada por tales condiciones de exclusión e inequidad, somos justamente las y los jóvenes. La población entre 12 y 29 años de edad es la que padece en mayor escala los efectos de la desigualdad y la pobreza.

En Tabasco, la expectativa es un poco diferente. Como ustedes saben, por primera vez en la historia tenemos la oportunidad de gobernar con un candidato impulsado desde la izquierda, lo que implica una mayor responsabilidad y compromiso para ejercer un mejor gobierno, con políticas públicas que de verdad respondan a las necesidades de la gente y a los grandes problemas estructurales del estado.

Se trata de una oportunidad que como jóvenes no podemos desaprovechar. Las juventudes de Tabasco podemos exigir que se atiendan las expectativas de miles de jóvenes que se encuentran en condiciones de desigualdad y discriminación. Este nuevo gobierno debe borrar el prejuicio de que por el simple hecho de ser jóvenes carecemos de conocimiento y experiencia; las juventudes hemos demostrado que tenemos las ideas y la convicción de cambiar realmente el futuro de Tabasco y también de nuestro país.

 

Después del movimiento social de 1968, protagonizado principalmente por una juventud que se revelaba contra la falta de oportunidades y el régimen autoritario del viejo presidencialismo, no se había dado ninguna otra manifestación de inconformidad a gran escala hasta que llegamos al movimiento “Yo soy 132”, movimiento estudiantil que inició este año en la Universidad Iberoamericana y que desencadenó hasta la fecha, una serie de movilizaciones y protestas en contra del orden establecido, en temas que van desde el acceso y manipulación de la información, hasta el incumplimiento de derechos constitucionales como el de educación, salud, trabajo, recreación, medio ambiente, libertad de expresión, etcétera.

 

Hoy, tenemos la oportunidad de mover conciencias y concretar ideas mediante el uso de nuevos instrumentos de comunicación, el uso de las redes sociales nos abren caminos para organizarnos e impulsar acciones que puedan modificar nuestro entorno social. Ya no somos simples espectadores de lo que deciden los poderes fácticos, ahora somos protagonistas del cambio y somos en parte responsables del rumbo que adquiera nuestro país.

 

El gobierno de México, ahora encabezado nuevamente por el PRI, nos tiene que escuchar. Yo creo que tienen claro que a los jóvenes ya no nos pueden manipular y en ese sentido, nos tienen que tomar en serio, ya no como estudiantes planeando el fin de semana, sino como actores políticos con un peso real y específico en la definición de las elecciones en nuestro país. La mayor parte de las personas que votaron en contra del viejo régimen priista en julio de este año, fuimos precisamente las y los jóvenes.

 

Tenemos en nuestras manos de llevar a escala nacional, el cambio que hemos iniciado aquí en Tabasco.

Que sea pues la juventud tabasqueña la punta de lanza de esta moderna sociedad mexicana ávida de cambio y de formas más democráticas del quehacer político.